Sobre el método crítico. Breve enfoque histórico de Teoría tradicional y teoría crítica de M. Horkheimer. Hacia una teoría jurídica crítica
Publicado : 2016-06-30

Daniel Alonso Almeyda Velásquez 
Profesor de Filosofía del Derecho en la Facultad de Derecho de la Univ. San Marcos (2016)
Magister y abogado por la Univ. San Marcos
Doctorando en la Escuela de Postgrado de Derecho de la Univ. San Marcos
Miembro honorario y ex Coordinador General del Taller de Dogmática penal de la Univ. San Marcos 

Las perspectivas críticas se presentan generalmente como aquellas que le hacen frente a los discursos dominantes en las disciplinas humanas. Esta generalidad no es oportuna. Si identificamos el discurso crítico como una oposición al discurso dominante, entonces, se corre el riesgo de perder -lo que parece haber ocurrido- la referencia de lo que es (su proceder en el proceso de conocimiento) y, consecuentemente, convertir a la teoría crítica en un conglomerado de posiciones "críticas", pero aisladas y desconectadas entre sí.  Lo grave de esta consecuencia es que la teoría crítica llegaría a convertirse en unilateral; y, esto negaría un rasgo esencial de los enfoques críticos. Justamente, esto último es lo que creo la teórica crítica debe combatir, pues una de las objeciones principales a los discursos dominantes es la carencia de estudios multidisciplinarios e interdisciplinarios.

Es por ello que es necesario realizar una reconstrucción de las características y el sentido específico de cómo se entendió el método crítico y frente a qué método se erigió. Esta reconstrucción -breve enfoque histórico- es pertinente porque permitirá (i) identificar el devenir histórico del método crítico y su sentido; y, (ii) proponer un retorno del péndulo hacia un método crítico unificado.

Probablemente nos encontremos en un estadio donde el péndulo llamado teoría crítica ha alcanzado su límite en su movimiento de ida al punto de padecer de una falta de claridad y distinción. Así, el retorno del péndulo hacia la propuesta del pasado, es decir, donde se proponía distinguir qué es aquello de lo que hablamos cuando mencionamos un método, enfoque, perspectiva o teoría crítica, sería una manifestación del movimiento no lineal de la historia. No obstante, dicho retorno no constituiría una repetición del pasado, sino su superación, recogiendo lo positivo de lo hasta ahora desarrollado. 

Esta reconstrucción es conveniente para el Perú, puesto que en la arena nacional no existe rastro alguno de corrientes o movimientos académicos donde se haya adoptado la teoría jurídica crítica para analizar tanto el derecho como las teorías jurídicas que se han construido.

Pensando en esa reconstrucción del método crítico es que en este corto espacio expondré puntualmente sus notas distintivas partiendo del discurso de Max Horkheimer en 1931; seguidamente, me centraré en su conocido texto Teoría tradicional y teoría crítica; a continuación, haré un breve diagnóstico de la situación de los estudios del derecho en el Perú; luego, señalaré una advertencia contenida en el Prefacio escrito por el mismo autor en 1968 a una reimpresión de sus escritos tempranos en el que muestra reparos sobre ellos (incluido Teoría tradicional y teoría crítica); y finalmente, una reflexión de las tareas de la teoría jurídica crítica.

I

En 1931, Max Horkheimer, al asumir en Alemania la dirección del Instituto de investigación social, dio su discurso inaugural titulado La situación actual de la filosofía social y las tareas de un Instituto de investigación social donde identifica el programa de ese instituto. Las ideas centrales son: (i) superar las deficiencias de la filosofía social a través de un trabajo conjunto entre lo filosófico y lo empírico; y, (ii) destacar el apoyo de los métodos e instrumentos de las ciencias sociales para dar respuesta a las preguntas filosóficas, pero sin que se pierda el sentido de generalidad a la que apuntan esas preguntas, siendo la principal "por la relación entre la vida económica de la sociedad, el desarrollo psíquico de los individuos y las transformaciones en el campo de la cultura, no solo en las esferas espirituales como la ciencia, el arte y al religión, sino también en campos como el derecho, las costumbres, la moda, las opiniones cotidianas, el deporte, los modos de entretenimiento, los estilos de vida, etc." (2015: 221), promoviéndose una integración dialéctica entre la filosofía y la investigación empírica.

En dicha ocasión, a efectos de responder a las cuestiones de la filosofía social -siendo la cuestión principal lo citado-, Max Horkheimer (2015: 222) busca vincular la investigación empírica a la filosofía; y precisamente, los canales para proveerse de los datos empíricos son: (i) valoración de estadísticas e informes de organizaciones público-políticas en el contexto de la situación económica; (ii) una mirada sociológica y psicológica de la prensa y de la literatura; (iii) conocimiento de diferentes métodos de investigación; (iv) los cuestionarios; (v) conocimiento de informes y protocolos de comunicación empírica; (vi) acudir al juicio competente de expertos; (vii) compilar y evaluar documentos que no aparecen en forma de libro; y, (viii) el estudio sistemático de la literatura científica y de los nuevos materiales publicados en el área de investigación respectiva. 

Advirtiendo Max Horkheimer que tales métodos son por sí mismos insuficientes y que su valor está en el conjunto, se evita caer en los extremos del dogmatismo teórico y de las minucias empírico-técnicas. 

II

En 1937, Max Horkheimer escribió Teoría tradicional y teoría crítica donde mostraba su preocupación por las elaboraciones puramente teóricas, mejor dicho, por el dislocamiento de las construcciones teóricas de la praxis social. En este trabajo, contrastó el proceder de la forma de conocer de una teoría tradicional y una teoría crítica.

La forma de conocer de la teoría tradicional se caracterizaba porque el teórico (sujeto) se limitaba a la contemplación y descripción del mundo (objeto) para la elaboración de la teoría, frente al cual él se encuentra en una relación de contacto directo (inmediatez). Asimismo, al presuponer la inmediatez entre el sujeto y objeto se excluía la mediación sociohistórica y, más aún, el condicionamiento histórico tanto del sujeto como del objeto de conocimiento. Este posicionamiento del teórico tradicional -contemplación/descripción del mundo y elaboración teórica- derivaba en la consideración de un conocimiento despojado de lo político. 

Con todo, Max Horkheimer indicaba que para la teoría tradicional "[l]a totalidad del mundo perceptible, tal como existe para el miembro de la sociedad burguesa y tal como se interpreta en la concepción tradicional del mundo que se encuentra en interacción con aquella, se presenta al sujeto como un conjunto de facticidades; el mundo está ahí, y debe ser aprehendido" (2000: 34). En este enfoque, el mundo en tanto objeto de conocimiento está dado al sujeto. Constituida la relación del proceso de conocimiento, el sujeto se ubica fuera del conjunto de facticidades. A partir de esa entrega del mundo como conjunto de facticidades al sujeto y de su ubicación externa a él para conocerlo, se asume una inmediatez entre el sujeto y el objeto (ausencia de interferencias). Entonces, desde esa inmediatez entre sujeto y objeto se pretende sustentar la objetividad y cientificidad del proceso de conocimiento y su resultado (la teoría). De ahí que la pretensión de la objetividad y cientificidad del proceso de conocimiento da pie a una construcción teórica puramente conceptual y neutral. Como consecuencia, la teoría construida sobre la base de los conceptos obtenidos de la aprehensión inmediata del mundo y las proposiciones deducidas de ella se aplica sin más al mundo.

En contraste, Horkheimer pone el acento en que la totalidad del mundo perceptible no está simplemente dado al hombre para ser contemplado y aprehendido, sino que es "un producto de la praxis social general" (2000: 35). Esto implica que si el mundo es un producto de la praxis social general y en el mundo se encuentra también el sujeto que conoce, entonces, la historicidad del mundo -producto de su devenir histórico- se encuentra también implicada en el sujeto y ello condiciona el proceso de conocimiento, puesto que la historicidad de la que él es partícipe se encuentra presente al enfrentarse al mundo que aspira conocer. La historicidad del mundo en el sujeto -mundo de la que él es parte- da cuenta de que la relación entre el sujeto y el objeto no es inmediata, sino mediata, más precisamente, existe una mediación sociohistórica. Así, el autor pondrá de relieve que "[l]os hechos que nos entregan nuestros sentidos están preformados socialmente de dos modos: por el carácter histórico del objeto percibido y por el carácter histórico del órgano percipiente. Ambos no están constituidos solo naturalmente, sino que lo están también por la actividad humana" (2000: 35).

Asimismo, la teoría tradicional y teoría crítica se diferencian en lo que respecta a su contenido lógico. Para la primera, "[l]os principios supremos de la teoría tradicional definen conceptos universales bajo los cuales se deben subsumir todos los hechos del ámbito de objetos de la teoría (...)" (2000: 58), en tanto que,

"[l]a teoría crítica de la sociedad comienza igualmente con determinaciones abstractas (...). También en la teoría crítica hay que introducir elementos específicos con el fin de acceder desde esta estructura fundamental a una realidad más diferenciada. Pero esta introducción de determinaciones (...) no tiene lugar mediante una simple deducción, como sucede en la teoría especializada y cerrada sobre sí misma, como en una cápsula. Sucede más bien que cada paso del razonamiento exige el conocimiento del hombre y la naturaleza que proporcionan las ciencias y la experiencia histórica" (2000: 59 y s.). 

Las proposiciones que se deducen del núcleo teórico en la teoría tradicional se presentan como estáticas y se disponen a ser aplicadas al conjunto social; por el contrario, las proposiciones que se deducen del núcleo teórico de la teoría crítica contienen un elemento de relatividad que depende del mundo cambiante.

Si como se ha indicado el sujeto y el mundo son un producto de la praxis social general, entonces, el sujeto está implicado con los intereses de su condición social. La historicidad construida en el devenir histórico del sujeto hace que haya una mediación de carácter sociohistórico -la historicidad particular- frente al mundo que conoce, de ese modo, se compromete con su objeto de conocimiento. Al conocerlo y darse cuenta de las causas sociohistóricas de su ser social decide intervenir en él para cambiarlas y alcanzar una nueva sociedad, si dichas causas se muestran como injustas. Horkheimer indicará que "[n]o hay teoría de la sociedad (...) que no contenga intereses políticos, cuya verdad se debe determinar en la actividad histórica concreta, en lugar de hacerlo en una reflexión aparentemente neutral que, por su parte, no piensa ni actúa" (2000: 57).

El resultado (la teoría) en la teoría tradicional es evidente: el conocimiento se presenta como no político y, seguidamente, una actitud de desinterés por la actividad práctica y el compromiso social.

La teoría crítica se presenta, entonces, como un método de conocimiento. Aquí no se pierde de vista el carácter histórico del sujeto y del objeto, donde la construcción teórica no se absolutiza o se cierra en sí misma deduciendo proposiciones sin límites y evaluación, sino que está sujeta a los cambios del objeto como muestra de su historicidad actual producto del devenir histórico; y su resultado -el conocimiento- no está despojado, por lo tanto, de lo político. Resulta importante que el teórico crítico asuma una posición política e ideológica y una actividad en la misma línea. 

La preocupación por el modo de proceder de la teoría tradicional se acrecienta cuando las construcciones teóricas son parciales, esto es, se refieren a un sector del mundo. Dicho de en una palabra, adolecen de unilateralidad. Frente a ello, el método crítico se inclina por un enfoque multidisciplinario e interdisciplinario que le permite comprender o acercarse más a una comprensión cabal del mundo. La multidisciplinariedad e interdisciplinariedad exige, pues, una comunidad académica y que sus resultados se conecten unos con otros.

III

El derecho dada su complejidad reclama un enfoque multidisciplinario e interdisciplinario, pero esta mutidisciplinareidad e interdisciplinariedad debe estar asentada en una comunidad académica originada por los propios investigadores de las diversas disciplinas que estudian el derecho. Cada una de ellas coadyuve a la comprensión del fenómeno social que denominamos derecho.

No de otro modo, sino de este es como se podrá comprender el derecho y desarticular los discursos unilaterales del derecho -exegéticos, positivistas, formalistas y dogmáticos-.

La forma tradicional de conocer el derecho se basa en una pretendida cientificidad y objetividad que se presenta principalmente en la Dogmática jurídica -"¡la teoría es no política, es imparcial!", se suele oír-. Este enfoque reduce el derecho a la construcción y estudio de conceptos que se van reproduciendo, cerrándose y alejándose de la realidad, entonces, se genera la ilusión estar en inmediatez con el derecho, eliminando la mediación de lo sociohistórico en el proceso de conocimiento. Esta situación se agrava cuando la teoría es trasplantada del extranjero sin el correspondiente conocimiento del contexto sociohistórico donde ella se originó. 

El conocimiento del derecho -representado por la Dogmática jurídica- adolece de lo que Max Horkheimer denunciaba: (i) la creencia de una inmediatez del teórico del derecho y su objeto (derecho), asumiéndose una falsa objetividad y cientificidad; (ii) la neutralidad del teórico y desinterés por la praxis jurídica; (iii) unilateralidad puesta de relieve con los enfoques puramente conceptuales; y, (iv) ausencia de un posicionamiento político en el teórico.

Y décadas después de los trabajos de Max Horkheimer y teóricos críticos de todas las latitudes en las diversas disciplinas humanas, se sigue promoviendo la apoliticidad del conocimiento.

IV

En 1968, Max Horkheimer escribió un Prefacio para una reimpresión de sus primeros ensayos en el que muestra que ellos -dentro del cual se encontraba Teoría tradicional y teoría crítica- requerirían de una formulación más exacta, en tanto que fueron dictados por ideas económicas y políticas discutibles (2003: 9).

Seguramente un proceder en la forma de conocer como el de la teoría tradicional haya sido superada -aunque no del todo-, pero ese proceder en el Perú en el campo del pensamiento jurídico se encuentra arraigado y patentizado en la exégesis, el positivismo, el formalismo y la dogmática jurídica.

En dicha ocasión, también cuestionaba que una aplicación irreflexiva y dogmática de la teoría crítica a la praxis resultaría contraproducente. ¡Nada más cierto que cualquier construcción teórica calificada de crítica habiendo sido construida con ayuda de otras disciplinas científicas pueda convertirse en dogmática! 

V

Pensando como lo hizo en su momento Max Horkheimer sobre la filosofía social en su famoso discurso de 1931, ahora con relación al derecho puedo decir que, la superación de las posiciones exegéticas, positivistas, formalistas y dogmáticas del derecho no tiene que ver principalmente con alcanzar una visión comprensiva del derecho en su conjunto y tampoco en una visión productiva de un nuevo de derecho -lo que creo también ha sido pensado, pero tampoco alcanzado-; de lo que se trata es proyectar esa nueva visión comprensiva y productiva del derecho con investigaciones empíricas provenientes del campo de la sociológica, la antropología, la criminología, la económica, la política, la historia, la psicología, etc., bajo una comunidad científica donde a través del método científico propio de esas ciencias se cuestione las afirmaciones tradicionales sobre el derecho. Me refiero, pues, a enfoques multidisciplinarios e interdisciplinarios. Más todas esas visiones articuladas por una perspectiva de filosófica crítica. Y esta filosófica crítica no puede formular proposiciones que no estén al menos apoyadas en los datos empíricos de las ciencias sociales.

Esta tarea es ardua.

Referencias bibliográficas:

Horkheimer, M. (2000). Teoría tradicional y teoría crítica. (trad. J. López). Barcelona: Paidos. (Versión original publicada en 1937).

Horkheimer, M. (2003). Prefacio para la nueva publicación. (trad. E. Albizu y C. Luis). En Teoría crítica (3ª reimpresión de la 1ª ed. de 1974). (pp. 9-14). Buenos Aires: Amorrortu. (Versión original publicada en 1968).

Horkheimer, M. (2015). La situación actual de la filosofía social y las tareas de un Instituto de investigación social. (trad. S. Castro). Cuadernos de Filosofía Latinoamericana, 36(113), pp. 211-224. (Versión original publicada en 1981).  

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