El destrabe como discurso y la dinámica económica
Publicado : 2017-04-16

Miguel Espichán Mariñas
Abogado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Profesor de Derecho Ambiental en la Universidad Científica del Sur. Estudios de maestría en Derecho Civil y Comercial por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estudios de maestría en Derecho Comparado, Economía y Finanzas en el International University College of Turin. 

Son varias las notas periodísticas y artículos relacionados al "destrabe" de los principales proyectos de inversión públicos, privados o de capital mixto; sin duda la dinámica económica es fundamental para el desarrollo de una sociedad, más aun tratándose de nuestro país, el Perú tiene grandes brechas sociales en infraestructura, servicios básicos, educación, salud, alimentación, etc. 

En ese escenario, la inversión se presenta como una gran alternativa para generar riqueza y dinamizar la economía, posibilitando la generación de empleo, generación de consumo, cierre de brechas, incremento de infraestructura, generando más desarrollo para las poblaciones cercanas al área de influencia de un proyecto de inversión.

El Estado, se ve beneficiado con el pago de impuestos que permitirán el desarrollo de sus actividades y la ejecución de programas sociales, que deben redundar en beneficio de la población.  

Bajo este enfoque no queda duda de la necesidad de incentivar la inversión (pública, privada o mixta), independientemente de la naturaleza del capital, siendo de capital importancia la promoción de proyectos incentivando su formulación, evaluación y ejecución. 

Desde una perspectiva etimológica, trabar significa atar, ligar manos o pies, sujetar algo para impedir su movimiento, entorpecer o limitar su normal desarrollo. En esa lógica, cobra sentido la elaboración de un discurso en el que el "destrabe", es decir quitar las trabas, entendiendo por tal la necesidad de remover los obstáculos para su libre y fluido movimiento, nos permita la incentivación y promoción de la inversión; nadie se opondría a un discurso así si lo que se busca es el bienestar social como se ha indicado. 

El problema sobre esto reside principalmente en afirmar la necesidad del destrabe sin analizar la premisa de la que se parte es decir ¿Todos los proyectos están bien elaborados? ¿Son realmente factibles en términos sociales, económicos y ambientales? 

Partir de una premisa así no necesariamente es lo correcto y eso nos lleva a una segunda reflexión ¿por qué están "trabados" los proyectos?; puede ser que haya una razón de peso que haga que un proyecto se encuentre "trabado", puede ser que no cumpla con estándares mínimos, no sea sostenible, esté mal formulado, no incorpore un análisis de riesgos, etc. 

En ese orden de ideas, y considerando las preguntas formuladas, conviene asumir críticamente una posición frente al "destrabe" de los proyectos, porque asumir acríticamente la necesidad del "destrabe" podría implicar remover obstáculos tanto a proyectos bien formulados, como a proyectos que podrían estar mal formulados, que no cuenten con los estudios necesarios, o que después puedan verse mermados por la corrupción.

Asumir acríticamente la necesidad del "destrabe", implica también analizar en otro nivel la dinámica social, la adopción del lenguaje y el desarrollo teórico de dicha necesidad; asumir en el lenguaje la connotación positiva de un término por sí mismo, implica asumir negativamente lo contrario.

Dicho en otros términos si el "destrabe" de proyectos se da en una connotación positiva; el agente que "traba" estos , la regulación estatal que restringe el "libre" desarrollo de los proyectos de inversión, la necesidad de efectuar la participación ciudadana, tendrá una connotación negativa. 

Bajo esa connotación si se asume como base ideológica al "destrabe", entendiéndolo valioso, positivo por sí mismo, se derivarán y desarrollarán estructuras teóricas  dentro de algunas ramas, artes, ciencias de una sociedad, y con ello la creación de principios, axiomas  y teoremas los cuales conjugados lógicamente unos con otros permitirán articular argumentos en favor de la defensa de su base ideológica, como un sistema cerrado; minimizando la posibilidad de crítica dentro de su misma estructura teórica.

Uno de estos casos, se evidencia, por ejemplo en algunas versiones de Análisis Económico del Derecho, en el cual la adopción de postulados como la mínima intervención del estado a través de la regulación en el mercado se adoptan como dogma y el cuestionamiento a ello tiene que hacerse fuera de su propio discurso y bases teóricas.

En ese orden de ideas, los teóricos abonarán en favor de la flexibilización, la revisión actual de la regulación, y la discusión de todo lo que pueda "trabar" los proyectos de inversión; lo cual genera que la agenda pública ponga en el banquillo de los acusados la propia regulación en sí misma, considerada como algo negativo. 

Ello de por sí no es malo, lo malo se evidencia si consideramos el "efecto tv", o "efecto foto"; al concentrar la mirada pública en un solo tema que por exclusión olvida u obliga a no mirar lo que hay más allá;  en un programa de televisión o en una foto solo vemos lo que nos permite ver el camarógrafo o en todo caso define el director de cámaras, dejando fuera de cámaras muchas cosas. 

Sin duda hay una imperiosa necesidad de priorizar temas, pero no sería mejor discutir el orden de la agenda pública, participar de la priorización de los temas; el "efecto tv", nos hace asumir acríticamente lo que el director quiere mostrarnos, reduciendo en todo momento la opción o mejor dicho la participación en la elección de lo que se desea ver.  

Ello parece normal, sin embargo si se mira en perspectiva, se podrá advertir que poner en el ojo público un tema distrae de otros, tal vez no menos importantes; en el caso del "destrabe" no se discutirá sobre la calidad de los proyectos a ser destrabados, su solidez, sostenibilidad, su rentabilidad, su gestión del riesgo, su manejo ambiental, su relación con las comunidades, etc. 

No reparar en estos aspectos, tan importantes como la propia promoción del proyecto, nos dará una mirada distorsionada de la promoción de la inversión, sus costos reales, su real dimensión, impactos ambientales y sus riesgos asociados, poniendo en riesgo la propia viabilidad de los proyectos de inversión. 

En ese sentido conviene tener entusiasmo para promover la inversión pública y privada, pero desde una perspectiva crítica, tratando de considerar los factores más decisivos que están en juego o la mayoría de estos, no solo considerar solo el "efecto tv"; si es que se propende a generar un desarrollo realmente sostenible que integre, entre otras variables, la variable social, ambiental y económica; un discurso de "destrabe" acrítico podría invisibilizar algunas de estas variables.

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