Una explicación económica a la tragedia en la Galeria Nicolini (o cuando el libre mercado autoregulado destruye al ser humano)
Publicado : 2017-07-09


Jesús David Vásquez Vidal
(Abogado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos)

El pasado 24 de junio vimos con horror las imágenes, televisadas en vivo, de un ser humano atrapado en un "conteiner" metálico clamando desesperada e inútilmente por ayuda, en medio de un clamoroso incendio en una de las zonas más comerciales del cercado de Lima. No podíamos imaginarnos una escena más desgarradora y la historia tras las impactantes imágenes, es desde un punto de vista ético, mucho peor de lo que estábamos viendo. Jóvenes trabajadores que viven en extrema pobreza y que aceptan un trabajo en condiciones de semi esclavitud, con horarios excesivos, sin percibir ninguna clase de beneficio social, con sueldos por debajo del mínimo vital y encerrados en una trampa mortal, que sería después un verdadero horno de carne humana donde perderían la vida. 

Esta situación horrenda ha sido aprovechada al extremo por los medios televisivos, prensa escrita y radio, que se acuerda de los pobres solamente cuando están envueltos en las peores circunstancias, las mismas que captan la atención de la audiencia y, por lo general,  jamás exploran el contexto económico y político que planifica esta clase de miserias. Así, no resulta extraño que callen convenientemente una cuestión que cumple un rol medular en la ocurrencia sistemática de esta clase de tragedias, a saber, que el Estado ha dejado a ciertos sectores de la población en las manos de una economía de libre mercado (1)  e, inclusive, continúa llamando a los seres humanos implicados en cualquier clase de proceso productivo un "costo laboral", esto es una mercancía ficticia que puede comprase y venderse. Lo que hemos olvidado como sociedad, y especialmente aquellos que manejan los hilos del poder gubernamental, es que el ser humano jamás podrá ser tratado como una mercancía -esto es como un objeto dejado a su suerte en medio de las fuerzas de un mercado autorregulado- sin que se le deje expuesto, al mismo tiempo, a la aniquilación psicológica o física. 

Pero repensemos las circunstancias económicas y legales en las que Jovi Herrera Alania (20) y Jorge Luis Huamán Villalobos (19), víctimas del incendio en Las Malvinas, perdieron la vida. Tenemos un centro comercial que ha sido construido libremente, ya que en este caso la regulación municipal para el control de las edificaciones no tiene ninguna eficacia social ?al no ser capaz de inhibir las conductas contrarias o desviadas de sus preceptos normativos- y, además, por incompetencia o venalidad los funcionarios ediles no han podido impedir que las instalaciones construidas sean o continúen siendo utilizadas. Inclusive en las declaraciones de sus máximos responsables, escuchamos con vergüenza que no sabían que eran usadas como talleres clandestinos. Si bien los "conteiners" metálicos han sido construidos "libremente" por sus dueños, tenemos que con respecto al uso que le daban a estas estructuras tampoco existía una mínima fiscalización efectiva de algún aparato gubernamental, por lo que podían ser utilizadas para los más diversos propósitos (no solamente como almacenes de mercancías tal como lo sostienen los comerciantes de la zona). Es más, a estas alturas ya se sabe que dichos espacios eran utilizados para falsificar las marcas de ciertos productos que eran vendidos en el mismo emporio comercial. Lo cual era una actividad económica ilegal sin más sanción que la penal, la misma que por cierto no parece ejercer ninguna influencia inhibidora en el empresariado informal. Finalmente, a esta ausencia efectiva de una regulación eficaz sobre la construcción y el uso que se le daba a aquellos infames ambientes, se añade también la total libertad en que se dejó a los emprendedores de Las Malvinas para configurar los vínculos laborales con sus trabajadores, llegando al límite de tenerlos encerrados durante 12 horas diarias -por lo que se sabe- sin ninguna clase de beneficio o derecho laboral, ante la acción impotente o la mirada indiferente de las autoridades municipales, más preocupadas en cobrar coimas probablemente, o de las laborales, más preocupadas por flexibilizar las sanciones laborales en favor de los grandes empresarios (2) y disminuir las facultades de fiscalización de los inspectores laborales y de la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (3)  - SUNAFIL. 

Entonces, si todo este conjunto de actividades se encontraban en la más plena y absoluta libertad, cual es  el patrón organizador de todas ellas, ya que un orden, por más aberrante e injusto que nos parezca, si existía. ¿Que factor presta una organización a esta maquinaria infernal? Pues, sencillamente, el ánimo de lucro que es la sangre vital de todo sistema económico de libre mercado, y el homo economicus, que este medio construye como modelo a seguir: un ser individualista, egoísta, avaro y competitivo. Y claro que en Las Malvinas, y especialmente ese infierno en el que se convirtió la galería Nicolini, existía un pleno y absoluto libre mercado laboral, donde el precio de los trabajadores (y las condiciones en las que realizaban su labor) es dejado a la "libre" determinación de la oferta y la demanda. Libertad que siempre se traduce en la construcción de las relaciones sociales en función de quien está en mejores condiciones de negociación o de quien puede ejercer mayor poder para imponerlas. Este específico micro campo social ?que constituye el mercado de Las Malvidas- ha sido obviamente organizado en base a la suma informe de los múltiples egoísmos de estos emprendedores peruanos, verdaderos agentes empoderados para configurarlo, donde la función gubernamental de actuar sobre esta urdiembre social no existía (o por lo menos no tenía una participación activa). 

Al parecer en nuestra sociedad las fuerzas protectoras (4)  del tejido social son tan débiles que no reaccionan, aún cuando la integridad física de los seres humanos está en peligro. Al parecer hemos olvidado que donde el ser humano es abandonado a las fuerzas del libre mercado solamente se conseguirá su total destrucción y esto es algo que bien saben los economistas desde hace mucho tiempo, como lo explicó Karl Polanyi (5) , pero es callado por los medios de comunicación -que prefieren omitir obscenamente las verdaderas causas de esta clase de lamentables y recurrentes acontecimientos- apañando las crueldades que son consecuencia directa o indirecta de un sistema económico de mercado que constantemente es elogiado, pero que sin embargo viene reproduciendo prácticas sociales espantosas y crueles, además de crear seres humanos capaces de encerrar a otros a su suerte por el simple afán de ganancia, en otras palabras de crear a un homo economicus  (6) más parecido a un monstruo.   

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(1) "Una economía de mercado es un sistema económico controlado, regulado y dirigido por los precios del mercado; el orden en la producción y distribución de bienes se encomienda a este mecanismo autorregulado, una economía de esta clase deriva de la expectativa de que los seres humanos se comporten de tal manera que alcancen las máximas ganancias monetarias." POLANYI, Karl, "La gran transformación", Fondo de Cultura Económica, México D.F., p. 118.

(2) Aquí la sangre y las cenizas de los cuerpos calcinados ensucia también al actual gobierno, y particularmente al Ministerio de Trabajo, que hace menos de un mes de la tragedia, para ser más exactos el 31 de mayo de este año, publicó el Decreto Supremo N° 0017-2017-TR, el mismo que modifica el Reglamento de la Ley General de Inspección del Trabajo, con la finalidad, entre otras cosas, de limitar a una inspección al año respecto de una misma empresa por un mismo caso (según el texto del nuevo art. 48°-A) , lo que significa que no podría hacerse seguimiento de las infracciones laborales y, lo que resulta mucho más peligroso (art. 3° del D.S.), estableciendo un claro incentivo de acumular varias infracciones laborales, ya que cuando una empresa comete varias de ellas, solamente se aplicará la multa más alta de manera que las otras infracciones menores no serán multadas y, finalmente, se reducen los montos de las multas en general. Es decir en la lógica de este dispositivo, por ejemplo el empleador de los jóvenes calcinados tendría que ser sancionados por las infracciones relacionadas con la consecuente muerte de los trabajadores en ámbito laboral (y no por el resto de infracciones muy graves como no pagar remuneración mínima vital, las relacionadas con la jornada laboral, trabajo en sobre tiempo, etc.).       

(3) Al respecto ningún medio de comunicación se ha dignado a preguntarle a la actual Superintendenta de la SUNAFIL, Sylvia Caceres, que pasó con el plan de fiscalización laboral por cuadrantes, cuyo equipo y funciones fue aprobado mediante la Resolución de Superintendencia N° 131-2015-SUNAFIL publicada el 20 de agosto de 2015, en el diario El Peruano. Han pasado casi dos años y varios muertos de por medio, por lo que cabe preguntarse ¿Aún la SUNAFIL no ha llegado al cuadrante del cercado de Lima? Una interrogante que la Superintendencia seguramente debería responder a los familiares de las víctimas de la galería Nicolini.     

(4) Esto ha sido explicado claramente por Polanyi, cuando sostiene que siempre que en una sociedad se busca crear una economía de mercado autorregulado, por los diversos daños que genera en los seres humanos y la naturaleza, siempre ha surgido un movimiento de naturaleza colectiva que busca contener sus efectos perjudiciales. Estas fuerzas protectoras del tejido social (y ambiental) amenazadas muchas veces se manifiestan a través de la presión que se ejerce sobre el poder gubernamental, que teóricamente encarna las expectativas humanas de vivir bien y mejor. Por esta razón, Polanyi llega a la siguiente conclusión: "Vemos que los hechos corroboran nuestra interpretación de un doble movimiento. Si la economía de mercado era una amenaza para los componentes humanos y naturales de la urdimbre social, como hemos señalado con insistencia, ¿Qué otra cosa podríamos esperar sino la presión de muy diversos grupos a favor de alguna clase de protección? Esto fue lo que encontramos". "La gran transformación", Op. Cit. p. 206.    

(5) Así para Karl Polanyi "(...) mientras la producción puede organizarse teóricamente de  esta forma [de libre mercado], la ficción de las mercancías omitía el hecho de que dejar a la suerte del suelo y de las personas en manos del libre mercado equivaldría a aniquilarlos.", "La gran transformación", Op. Cit. p. 186. 

(6) El homo economicus dentro de la racionalidad neoliberal, no sería otro -siguiendo a Foucault- "[q]uien acepta la realidad o responde de manera sistemática a las modificaciones en las variables del medio, aparece justamente como un elemento manejable, que va a responder de manera sistemática a las modificaciones sistemáticas que se introduzcan artificialmente en el medio" FOUCAULT, Michel, "Nacimiento de la biopolítica", Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2007, p. 308. Así quien encerró a los jóvenes que perdieron la vida en el incendio de la galería Nicolini -un tal Jonny Coico Serlopu-, no es más que la encarnación de un típico sujeto económico racional, que responde de manera no aleatoria a las condiciones de un medio específico, sino de manera sistemática en busca del objetivo de ganancia a cualquier precio y sin control, esto es decisiones adoptadas en condiciones de nula interferencia de las entidades gubernamentales. Es más, de acuerdo a su particular visión de la situación, su actitud inclusive tendría una justificación moral, ya que les estaba haciendo un "favor" al darles trabajo a las víctimas que perdieron la vida de una de las formas más horrendas imaginables.           

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