Mi(s) problema(s) con la descolonización del Derecho en el estudio de los pueblos indígenas
Publicado : 2018-03-12

Daniel Quiñonez Oré
Abogado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estudios de Maestría en Antropología en la Unidad de Post Grado de la Facultad de Ciencias Sociales de la misma universidad. 


I

Resulta sumamente importante que en el discurso jurídico nacional sea cada vez más notoria la discusión sobre los derechos de los pueblos indígenas. Es preciso notar que el interés que se viene enfocando en el tema no solo es propio de activistas ni defensores de los derechos indígenas, sino también de académicos e investigadores que consideran fundamental la existencia de una reflexión teórica sobre el tema.

Un aporte en torno a lo antes mencionado, resulta el reciente trabajo presentado por Merino y Valencia (2018), quienes proponen una reflexión teórica sobre el derecho de los pueblos indígenas en nuestro país, que vaya más allá del discurso activista y de los conocidos pronunciamientos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y se sitúe en el marco teórico de la descolonización del Derecho. 

En atención a la saludable presencia de este tipo de reflexiones teóricas, no está demás preguntarnos sobre sus postulados y revisar algunas ideas que, desde mi punto de vista, no se encuentran muy claras. 

II

La discusión de teorías postcoloniales en el discurso jurídico nacional resulta novedosa. Implica el estudio de análisis y teorías que se vienen discutiendo desde hace muchos años en las ciencias sociales, debido a que apuestan romper con la "epistemología moderna-occidental", la cual se sustenta en la "colonialidad". Estas teorías gozan de una mayor difusión en la actualidad, debido a los contextos de reivindicación política de lo indígena que se han llevado a cabo en países como Ecuador y Bolivia, así como la presencia cada vez mayor de redes de activistas y defensores de derechos indígenas que vienen utilizando las herramientas legales (consulta previa, educación intercultural, entre otras) para su defensa. 

Las teorías postcoloniales se inspiran y tienen su correlato en los denominados "estudios subalternos", el cual es un movimiento impulsado por investigadores provenientes de países árabes, cuya obra principal y fundamental es "El Orientalismo" de Edward Said (2008) para quien la historia universal tal como la conocemos ha sido contada desde el punto de vista de Europa, quien ha pasado por alto los aportes, las enseñanzas y las creencias de aquellos a quienes estudió y pretendió representar.  Said en su obra apuesta por quebrar las barreras del orientalismo, manifestando que este constituye un mundo y saber heterogéneo, el cual ha sido narrado desde Europa de una manera monótona, asumiendo una superioridad de lo "occidental" por sobre lo "oriental".

Al igual que Said, autores como Ranajit Guha, Dipesh Chakrabarty, Partha Chatterjee, Gayatri Spivak, Arjun Appaduari, entre otros, desde diversos campos como la sociología, antropología, historia, ciencia política y la literatura han propuesto cuestionar el saber "científico-occidental", brindando relevancia a la existencia de los "subalternos", quienes en base a "agencias" buscan cuestionar los paradigmas modernos-occidentales. Así, por ejemplo, se apuesta por brindar espacio y voz a estos sujetos (Subalternos: campesinos, mujeres, obreros, indígenas, etc.), denunciando su omisión a lo largo de la historiografía moderna y criticando, a su vez, que la utilización de esta categoría sea presentada de manera homogénea (Spivak: 1998), así como se propone teorizar sobre el concepto de sociedad política en vez del de sociedad civil (Chatterjee: 2007), la cual ha sido concebido en términos homogéneos y modernizantes, eliminando la existencia de conflictos y reivindicaciones étnicas en dicho espacio social.

Inspirándose en Gramsci (de quien utilizan la palabra "subalterno" y el concepto de "hegemonía") y en los recientes (para dicha época) aportes de Foucault, entre otros autores que se ubican dentro de la llamada "postmodernidad", este grupo sitúa en la agenda académica cuestionamientos sumamente relevantes que revelan el poder existente detrás de los discursos que poco a poco se han ido normalizando en las diferentes ramas de la ciencia. 

III

El cuestionamiento puesto en la agenda por parte de los estudios subalternos, tuvo resonancia en varios autores e investigadores latinoamericanos, quienes también desde distintas áreas del conocimiento, elaboraron propuestas e investigaciones cuestionando la cara oculta de la "modernidad". En este punto resulta fundamental la teoría propuesta por el sociólogo peruano Aníbal Quijano, cuya categoría "colonialidad del poder" constituye un concepto clave para entender la propuesta del grupo modernidad/colonialidad, conformado por autores como Walter Mignolo, Arturo Escobar, Santiago Castro-Gómez, Edgardo Lander, Enrique Dussel, entre otros. 

La colonialidad del poder constituye un concepto original en la filosofía política moderna, el cual evidencia la existencia de una clasificación racial/étnica de la población mundial a partir de la colonización europea en América, cuyo discurso de superioridad eurocéntrica se originó en el mismo momento del surgimiento del capitalismo (Quijano: 2007). Siguiendo este marco teórico se manifiesta que, si bien los países se lograron independizar del yugo colonial, aún subsiste la denominada "colonialidad", entendida como un "patrón de poder" mediante la presencia de epistemologías occidentales que rigen las instituciones y los saberes en el denominado "tercer mundo".

En atención a lo mencionado, se plantea una revolución epistemológica, en donde se tomen en cuenta las experiencia y vivencias de los "otros", quienes han venido siendo desplazados por un sistema homogeneizante, que se presenta racional y científico, debiéndose apostar por una "filosofía de la liberación" (Dussel: 2011). De la misma manera, se denuncia que el discurso del desarrollo ha producido un aparato eficiente para producir conocimiento a fin de ejercer poder sobre el denominado "tercer mundo" (Escobar: 1998). Se puede manifestar entonces que, de una revisión de los aportes brindados bajo este marco teórico, se reconoce que la situación actual mundial, además de ser capitalista y moderna resulta colonial.  Teniendo en cuenta los postulados esbozados, se plantea realizar un giro decolonial, el cual "tendrá que dirigirse a la heterarquía de las múltiples relaciones raciales, étnicas, sexuales, epistémicas, económicas y de género que la primera descolonialización dejó intactas" (Castro Gómez y Grosfogel: 2007).  Es decir, el giro decolonial implica finalizar el proceso que quedó inconcluso con la independencia jurídico-política de los países americanos, la cual debe ir más allá de su carácter institucional, apostando por una independencia decididamente epistémica. 

Los postulados de la postcolonialidad han tenido mucho eco en el contexto actual, siendo impulsada por diversos investigadores y activistas, quienes proponen revalorar la epistemología y los saberes de los pueblos originarios, creándose categorías como las del "Buen Vivir" y "Sumak Kawsay". Estos postulados han sido reconocidos en instrumentos constitucionales, como lo es en el caso de Bolivia y Ecuador, en virtud de la presión ejercida por movimientos políticos de reivindicación indígena, quienes lograron poner en la agenda de la discusión nacional sus luchas.

Los postulados teóricos de la postcolonialidad han encontrado sustento práctico en los movimientos indígenas de diversos países latinoamericanos, quienes reclaman y exigen que el Estado Republicano colonial bajo cuyo yugo se encuentran, respete el derecho a su autodeterminación. Se denuncia que los pueblos indígenas a lo largo de todos estos años, han estado sometidos bajo un proceso de colonización interna (Engle: 2018), siendo momento de que el Estado pueda ser transformado en términos de plurinacionalidad (Merino:2018), lo cual implica considerar a estos sujetos no solo bajo la categoría de "pueblos", sino como "naciones". 

IV

Cuando por primera vez comencé a leer las teorías postcoloniales quedé encantado con ellas. Hice un juramento de seguir sus postulados en mis inquietudes académicas, comprometiéndome a desarrollar proyectos bajo su marco teórico. No podría negar que nuestra sociedad conserva y mantiene una matriz colonial. El contexto económico actual, mediante la apuesta agresiva por el extractivismo, así como los escenarios de criminalización de la protesta social contra los pueblos indígenas y comunidades, me animaban a ello. Más aún cuando comencé a conocer dichos pueblos, mediante los postulados del Buen Vivir, en el cual usualmente se les presenta como los agentes del cambio.

Mi interés me llevó a estudiar antropología, a revisar el vasto registro etnográfico que existe en nuestro país en libros, tesis y artículos. Comencé a dudar. Mi duda se transformó en un sinfín de cuestionamientos cuando cambié radicalmente de rubro laboral y viajé por muchos lugares del país. Me crucé en el camino de "comunidades indígenas" y mis dudas se acrecentaron a tal punto que cuando leo y reviso textos que hablan y apuestan por la descolonización del Derecho, una sensación de incredulidad me invade. Aquí mis reparos:

El discurso de la descolonización se agota en un enfoque estructural y presenta un análisis meramente discursivo. No se analizan agencias ni actuaciones, es decir el comportamiento que a lo largo de los años han mantenido las distintas comunidades y pueblos indígenas en nuestro país.  Se deja de lado la vasta bibliografía y estudios etnográficos que existen en las ciencias sociales sobre lo "indígena", analizándose solo el comportamiento legal que se ha tenido desde el Derecho sobre esta categoría. Nos encontramos frente a una ola legal que apuesta por la "indigeneización" de las comunidades, bajo principalmente dos argumentos: i) Los pronunciamientos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (que se derivan fundamentalmente de activistas) y ii) La realización de análisis de corte histórico-legal (algunos lo llaman "socio-histórico") sobre la estructura que "campenisó" a los pueblos indígenas, lo cual resulta válido, pero que no define qué es lo que se debe entender por "indígena".

En relación a lo antes mencionado, el discurso materia de análisis no consulta sobre qué resulta ser lo indígena en las ciencias sociales. No se aprecia el citado de fuentes y estudios que hayan tratado de explicar el comportamiento y la actuación de las "comunidades indígenas" durante gran parte del Siglo XX, tanto desde la sociología como la antropología, lo cual tiene como consecuencia dejar de lado estudios y discusiones sumamente importantes como la migración, la cholificación, la economía campesina, entre otros ejes temáticos que han sido ampliamente discutidos en nuestro país. Todo ello, me produce una gran inquietud: ¿Podemos definir lo indígena solo desde el Derecho? ¿Solo basta construir una narrativa de análisis histórico legal para redefinir el concepto de indígena y postular por su "descolonización"? Una muestra de lo criticado, resultan los ensayos de Clavero (2017) y Córdova (2018), especialmente este último, el cual expresa esfuerzos en definir lo que es una comunidad indígena sin tomar en cuenta las innumerables fuentes en las ciencias sociales existentes al respecto.

No se analiza el uso político ni la estrategia que muchas comunidades suelen usar al momento de exteriorizar sus reivindicaciones étnicas. Se homogeneiza el comportamiento histórico de las comunidades y se dejan sueltas muchas peguntas, como puede el caso de esta: ¿Acaso con las migraciones en los años 60 o 70 no se buscaba acceso a la educación (ciudadanía en general) desde las propias comunidades? En otras palabras, ¿Qué efectos en las comunidades han producido las constancias relaciones con el "mundo urbano", el mercado, la escuela, entre otras instituciones durante gran parte de la segunda mitad del Siglo XX? Las comunidades a lo largo de los años han desarrollado estrategias de supervivencia, pudiendo ser el discurso indígena parte de esta.

El discurso que apuesta por la descolonización habla de movimiento indígena de manera abstracta y general, no percatándose de las innumerables diferencias que existen dentro del movimiento indígena en sí.  Sin ir muy lejos, las diferencias que existen pueden ser comparables con las que se hallan en la izquierda peruana. Las comunidades indígenas se organizan en federaciones, las cuáles a su vez, algunas veces tienen diferencias con otras, que van desde el punto de vista étnico (Conflicto entre indígenas kwichuas y mestizos en el famoso Lote 192), hasta de posición frente a las industrias extractivas (El caso entre Hualgayoc-Bambamarca en el departamento de Cajamarca es relevante). La existencia de diferencias y distanciamientos no está mal. En lo absoluto, forma parte de la dinámica social. Solo nos da un atisbo de tratar cuidadosamente un tema que no resulta para nada homogéneo e, incluso en algunos casos, conciliable.

El hecho de hablar de movimiento indígena y sus luchas lleva muchas veces a comparar la dinámica nacional con otras experiencias en Latinoamérica, como es el caso de Bolivia y Ecuador, lo cual no tiene en cuenta las grandes diferencias existentes con nuestro país (Degregori: 2014). El contexto histórico peruano tiene muchas particularidades y matices que no han permitido la consolidación de un movimiento indígena fuerte, lo cual ha conllevado a la existencia de una relación y reivindicación más cercana a la categoría de "ciudadanía". Pero Daniel ¿esto no es una muestra de la necesidad de descolonizar nuestras mentes y apostar nuevas reivindicaciones? Como discurso sí, funciona. Pero estas relaciones y reivindicaciones en base a "ciudadanía" han producido cambios y patrones en la realidad, las cuales no se aprecian en los artículos y ensayos que apuestan por la descolonización del Derecho, de allí que estos se agoten en el plano discursivo. 

Todo lo mencionado me lleva a mi principal preocupación y crítica. El discurso de la descolonización del Derecho asume que la apuesta por la autodeterminación de los pueblos indígenas y demás reivindicaciones que puedan coadyuvar a transformar el Estado en términos de plurinacionalidad, constituye una transformación ontológica (Merino: 2015), decididamente crítica del sistema actual. En otras palabras, la apuesta indígena constituiría una alternativa y una ruptura radical al sistema político y económico que nos rige.

Mi pregunta es: ¿Es posible encontrar una evidencia así de fuerte y clara en los hechos, tal como se plantea en el postulado antes mencionado? En los textos decoloniales se habla de las luchas campesinas e indígenas (en general) contra el extractivismo, las cuales no cabe duda existen y se producen en la dinámica social. No obstante, es preciso entender que la generalización de dicho discurso está lejos de ser un fiel reflejo de lo que sucede en realidad. El discurso decolonial no ve (o no quiere ver al estilo de las criticas postmodernas en la antropología: Geertz: 1998) las constantes relaciones e interacciones que a lo largo de los años las "comunidades indígenas" han tenido con el "capital", a tal punto que existen actuales estudios etnográficos que revelan su constante y dinámica interacción (Bille: 2017, Li: 2017, Asensio: 2016), a lo que surgen algunos cuestionamientos: ¿La apuesta por la autodeterminación implica una ruptura con el sistema imperante o solo con el Estado? ¿La autodeterminación solo se agota en apostar que los pueblos indígenas cuenten con un total y legítimo libre albedrío sin importar si este se relacionaría o no con el capital? Y por último ¿Cómo la descolonización se expresaría ante estas relaciones y dinámicas entre lo indígena y el capital? (John y Jean Comaroff: 2012).

Me parece que el discurso decolonial asume a priori que lo indígena implica un cambio radical con las estructuras imperantes, cuando de una revisión de la información existente, así como de un recorrido en campo, las cosas no se presentan así de claras. 

V

Entonces Daniel, ¿Estás avalando la representación hecha por voces que desde la Derecha ven al indígena como un emprendedor y un capitalista en ciernes? No, en lo absoluto. Mi interpretación está lejos de mostrar a las comunidades como sujetos emprendedores que aman el mercado, lo cual no quiere decir que exista un rechazo per se e incuestionable a este, el cual se sustente en una "epistemología indígena", lo cual ha sido duramente criticado con argumentos más que convincentes por Viola (2013).

Mi preocupación se sitúa en construir categorías y argumentos que radicalmente rompan con el sistema jurídico neoliberal que nos acecha día a día, que vayan más allá de reivindicaciones liberales que, a lo larga, no resulten ser un cambio de paradigma. Desde mi punto de vista, la argumentación que se hace desde el marco de la descolonización del Derecho está lejos de alcanzar tales objetivos. 

BIBLIOGRAFÍA

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