Publicado el 01 de mayo de 2020

Reflexiones en el día del trabajo en cuarentena

Katty Caballero Sega

Abogada por la UNMSM, Magíster en Relaciones Laborales por la PUCP, Profesora de Derecho Laboral de la UNMSM

Este Primero de Mayo, Día Internacional del Trabajo, quedará registrado en la historia como aquel en el que miles de trabajadores alrededor del mundo se vieron impedidos a salir a las calles a reivindicar sus derechos laborales y a sus mártires, debido al confinamiento social decretado por la mayoría de gobiernos en el mundo, incluido el nuestro, a causa de la pandemia del coronavirus. Pero evidentemente, las consecuencias laborales de la pandemia van más allá de la conmemoración del Primero de Mayo, o en todo caso, nos hace replantearnos las relaciones laborales en el nuevo escenario que se empieza a dibujar.

La organización para el trabajo productivo deberá adaptarse a las irreversibles consecuencias de la pandemia, qué duda cabe: distanciamiento interpersonal, implementos personales de seguridad y salud para todos, prohibición de las aglomeraciones y hacinamiento en los centros de trabajo, promoción del trabajo remoto o el teletrabajo, reducción de la jornada laboral, etc.

Teniendo en cuenta la situación bajo comentario,  ¿qué problemas en el mundo del trabajo de nuestro país requieren de urgente atención? Aquí algunas ideas:

La informalidad laboral: considero que es uno de los mayores problemas que tenemos como nación, será imposible construir una ciudadanía si quienes forman parte de la fuerza laboral no cuentan con el reconocimiento de ningún derecho laboral ni de seguridad social. Se trata de derechos fundamentales, cuyo goce en países como el nuestro, sólo alcanza a un grupo pequeño de trabajadores.

Como sabemos, en nuestro país más del 70% de trabajadores son informales, incluye a todas las formas de labores por cuenta ajena: subordinados precarios, independientes “emprendedores”, etc.; en ese sentido, el cumplimiento de una organización para el trabajo acorde con las demandas sanitarias que buscan proteger la vida y salud de los trabajadores, dentro del sector informal, resultan poco probables. La brecha de la informalidad laboral es tan grande en nuestro país, que resulta imposible hablar seriamente de “derechos laborales”, sin pensar que sólo un grupo reducido de trabajadores tienen el “privilegio” de gozar de los mismos. La misma crítica la aplicamos sobre el acceso a la seguridad social: sólo  los trabajadores formales pueden acceder a un sistema pensionario y aportar al mismo.

Opino que parte de la proliferación de la informalidad laboral en el país, se debe a la delegación al privado de la generación de puestos de empleo, a la ideología del “emprendimiento”. El Estado renunció a su rol de real promotor de empleos dignos, entre otras cosas, al privatizar las empresas públicas de bienes estratégicos, renunciar a su rol de gestor de inversiones, al empequeñecerse hasta donde se lo permitió la Constitución Política de 1993. Lo que sí hizo a través de sus políticas laborales, fue fomentar la inversión privada a través de la flexibilización de los derechos de los trabajadores, la creación de regímenes laborales especiales, el fomento de la contratación temporal etc. Estas fórmulas de fomento y “formalización” del empleo, no han dado ningún resultado positivo, sólo incrementado la informalidad y la precarización de los derechos ya existentes.

La implementación del Teletrabajo como herramienta real de organización para el trabajo: si bien el teletrabajo en nuestro país está regulado desde 2013 mediante la ley 30036, es cierto que su utilidad durante estos años fue mínima; es recién con la cuarentena impuesta por el Estado, en que a través del “trabajo remoto” muchos empleadores se vieron obligados a organizar el trabajo a larga distancia, utilizando para ello los medios informáticos. Con la experiencia que estamos transitando, es seguro que muchos empleadores están evaluando si esta forma de trabajar les resulta conveniente, sobre todo en el aspecto económico, para ello se requiere definitivamente una revisión y actualización de la ley del Teletrabajo. En el caso de los trabajadores, el trabajo remoto nos ha puesto delante de nuevos retos, como es el compartir las tareas del hogar y el cuidado de los niños, con la jornada de trabajo; pero también nos ha obligado a gastar en electricidad, internet, incluso computadoras, a fin de poder cumplir con nuestras obligaciones laborales. Sin duda, todos estos aspectos deberán recogerse y regularse en la nueva ley de Teletrabajo, a fin de salvaguardar los derechos de los trabajadores.

La Reducción de la Jornada Laboral y/o Flexibilización horaria: esta reflexión viene de la anterior; quienes están realizando trabajo remoto se han dado con la tremenda dificultad que resulta combinar tanto la jornada de trabajo con el cuidado del hogar y la participación activa en la educación  de los hijos. Sin duda, el análisis no es completo si no mencionamos que las mujeres jefas de hogar y/o las mujeres que trabajan, son  quienes se han llevado la peor parte, al tener que alternar en el cuidado de la casa (cocina, aseo) con el cuidado de los hijos y el trabajo de oficina; es cierto que muchos varones participan también en las labores del hogar, pero evidentemente son más las mujeres las que asumen todos estos roles. Ello implica necesariamente la adopción del Estado de políticas destinadas a garantizar que las situaciones descritas no generen la pérdida de los empleos y/o situaciones de alto estrés que impliquen perjuicio en la estabilidad emocional de todos los miembros del hogar.

La adaptación del ejercicio de los derechos colectivos a las vicisitudes durante y post pandemia: sin duda, éste será uno de los retos más grandes para el derecho laboral, ya que desde su origen las organizaciones sindicales han nacido y crecido sobre la base de la acción colectiva, que no es en modo alguno una abstracción, es físicamente y socialmente tal cual: las amplias asambleas, las actividades gremiales, el ejercicio de la negociación colectiva y la huelga. Si bien, muchas organizaciones sindicales ya venían utilizando herramientas tecnológicas para la participación en las asambleas donde no se podía asistir físicamente, sin duda nuestro derecho colectivo tradicional se ha construido sobre nuestros lazos y vinculaciones sociales y emocionales vívidas, palpables, no virtuales.

Muchos ya veníamos pensando en la adaptación del ejercicio del derecho colectivo en aquellos sectores “nuevos” de trabajadores precarizados, como los vinculados a plataformas virtuales quienes, por la naturaleza de sus actividades, tienen dificultades en poder reunirse y de esta manera, organizarse. Sin duda la pandemia y el confinamiento social nos hacen seguir reflexionando al respecto, pero a un nivel macro. Como siempre, es el Estado el llamado a garantizar que pese a las vicisitudes actuales y las que vendrán, se preserve y promueva el ejercicio de estos derechos, pero para ello se requiere que los gobernantes sean conscientes de la necesidad del sindicalismo como garantía de la democratización de la sociedad, como mecanismo de solución pacífica de conflictos.

Finalmente, precisar que lo esbozado anteriormente sólo constituyen reflexiones preliminares, cada tema requiere un análisis a profundidad y propuestas concretas, seguiremos intentando aportar desde nuestras trincheras. Desde aquí, un saludo afectuoso a todos los trabajadores y trabajadoras en su día, ánimo y a seguir remando.